Fecha de carga: 27/12/2010
Año: 1954
Descripción: El retratado es Juan Álvarez, de Avilés, que es primo de Leonor Patricia Fernández López, hacia el año 1954. Hasta hace dos décadas al viajar por Asturies se apreciaba su paisaje salpicado de balagares, tambien llamados varas de herba (hierba) o facines, usados para almacenar la hierba a la intemperie. Miles de balagares se podian ver desde el extremo más occidental al más oriental, desde el cabo Peñas, situado al norte, hasta los puertos de montaña del sur asturiano. Hoy es difícil verlos y nos tememos que desaparezcan de nuestro paisaje en poco tiempo. Es posible recorrer muchos kilómetros por la Asturies rural y no ver más que una sucesión de plásticos de diferentes colores utilizados para ensilar la hierba. Los ganaderos afirman que el ganado la come mejor, conserva sus propiedades nutritivas y su realización es menos laboriosa al ser ensilada con maquinaria agrícola. Una vez más el campo asturiano gana efectividad con las nuevas técnicas aunque a cambio pierde uno de sus valores estéticos y etnográficos. Hay un refrán de bastante uso que dice "tengo más yerba que tenada"; el campo asturiano produce gran cantidad de hierba y era raro una casería que tuviera tenada (pajar) suficiente para tanta producción. La solución elegida fue sencilla, se "planta" una vara de seis o siete metros de largo enterrándola un metro en la tierra, en el suelo se ponen unas ramas gruesas colocadas unas encima de otras, en dirección opuesta, y a continuación se apila la hierba. La base de madera recibe el nombre de treme, tiene por objeto aislar la hierba de la humedad del suelo. Se comienza a apilar la hierba, una o varias personas la apurren (elevan) hasta la vara mediante un apero llamado forqueta, mientras que otra va repartiéndola y calcando (pisando) en redondo toda su superficie para compactarla. Al principio se va ensanchando, aumentando su diámetro, para luego disminuirlo y darle, en mayor o menor medida, una forma de pera. El agua resbalará por su parte superior y caerá al prado a cierta distancia de la base del balagar. De esta manera solo la parte expuesta al exterior se ira estropeando, tomando un color grisáceo, permaneciendo la del interior en perfectas condiciones durante todo el invierno, con el color y olor propio de la hierba seca. Foto 8660 aportada por familialeo.
Etiquetas: niños, hierba